Cuando escuché el primer acorde de la banda de reggae y ska jamaiquina The Skatelites, se me dibujó una sonrisa en la cara. En ese momento, su música me transmitió felicidad, energía y paz, y lo sigue haciendo cada vez que escucho sus discos. Es una de esas bandas que elijo en los momentos que quiero estar tranquila, o cuando necesito levantar el ánimo.
En otro momento, no hubiese invertido en ir a verlos porque no son "mi banda favorita", pero luego de varios "golpes de realidad" que sufrí este año, cuando escuché que venían a Argentina ni lo dudé... y eso que tocaban un miércoles y a mi me gusta dormirme temprano.
The Skatelites, son una banda jamaiquina que comenzó a sonar en 1963 y se dice que fueron los creadores del Ska. Ellos sirvieron de inspiradores del mismìsimo Bob Marley y otros reconocidos cantantes jamaiquinos.
Según Wikipedia, los integrantes originales fueron The Skatalites fueron Don Drummond (trombonista), Tommy McCook (saxo tenor y flauta), Roland Alfonso (saxo tenor), Lester Sterling (saxo alto), "Dizzy Johny" Moore (trompeta), Lloyd Brevet (bajo) Lloyd Knnibb (batería), Jackie Mittoo (Piano y Órgano), Jah Jerry Haines (Guitarra).
Como suele pasar, al escucharlos en vivo se intensificaron todas las sensaciones que transmite u música. Además nunca había visto fotos de ellos por lo que me sorprendió que señores de más de 60 años fueran los artífices detrás de esa música tan vivaz, divertida y juvenil.
The Skatelites deleitaron a los porteños en Niceto Club con más de dos horas de música interrumpida; un hermoso viaje al paraíso de la paz del reggae y el ska del país de Bob Marley.
Me gustan los planes antidomingo; y sobretodo cuando son una sorpresa inesperada.
-“¿Vamos a dar una vuelta por San Telmo?”, me preguntaron un domingo a la noche.
- “Claro, vamos” respondí sin dudarlo. Era una noche hermosa para salir a pasear.
-“Querés ir a ver la manzana protomásmatica?”
Primero pensé que era un chiste, por lo que simplemente respondí con una cara perpleja. Al no recibir respuesta, asumí que se trataba de alguna nueva escultura moderna de un artista contemporáneo que estaban exponiendo en San Telmo, me colgué la cartera y salimos a caminar.
Luego de un rato nos encontrábamos frente a La Trastienda. “La manzana esa definitivamente no era una escultura”, pensé. Y sin decir nada, dejé que me cortaran la entrada y crucé la puerta hacia lo desconocido.
Era tarde y el show ya había comenzado. El público era variado. Había jóvenes, familias con niños y personas de mediana edad.
Cada uno de los artistas estaba disfrazado: el cantante era una especie de rey, uno de los tecladistas, Bam-Bam de los Picapiedras, y el otro era “controlado” por una mano de titiritero; el trompetista era Vaporín (el hombre plancha), el baterista, Albondigón (el hombre albóndiga) y el guitarrista un pochoclo (palomita de maíz)… Los únicos que no estaban disfrazados eran los contrabajistas y violinistas que, según nos contó el cantante, eran una nueva incorporación.
Este grupo de cromáticos, provenientes del planeta Cosmos, invitan a sus espectadores a viajar con ellos a través del Pórtico Cromático para experimentar nuevos ritmos que fusionan rock, jazz, reggae y ritmos latinos; originalidad musical interpretada por grandes músicos.
A su vez, te dejan mirar por la ventana a su mundo, donde los humanos caminan entre puppets y elefantes rosas.
A medida que se desarrolla la función, el público se sienta para los temas lentos y bailan sin prejuicios con el resto de las canciones.
El periodista Humphrey Inzillo de la Rollong Stone, piensa que “Ver hoy un show de La Manzana… es casi como asistir a uno de los míticos Lozanazos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en La Plata, en 1977. Una experiencia multimedia, que incluye escenografías delirantes, performances teatrales, y un espíritu de misa (o la comunión obsesiva por perder la forma humana).”
La Manzana, es puro rock teatral con “un espíritu lúdico y progresivo, una actitud rockera y festiva” termina de describir Inzillo... Y yo no podría estar más de acuerdo.
Es de esas bandas a las que hay que escuchar y dejarse levar a otra dimensión, pero sin cerrar los ojos, para no perderse las sorpresas escénicas que los cromáticos tienen preparados para su público.
Integrantes (Fuente: Revista Rolling Stones)
Botis, cantante, guitarrista y compositor del grupo, es nieto del tanguero Hector Marcó
Albondigón (batería)
Arghul, ex combatiente del Triángulo de las Bermudas (percusión)
Lúpitor, el niño pochocho (bajo)
Sr. Pelele (bajo)
Forcec Bravo (saxo soprano, flauta traversa)
Pinino Bravo, también conocido como "El Pollo" de Las Pelotas (saxo alto, clarinete, trompeta, trombón, flauta)
Mayumaná es una palabra extraña, diferente, que llama la atención y genera curiosidad, y su espectáculo “Momentum: Si sólo pudiéramos para el tiempo”, hace exactamente lo mismo.
“El tiempo es el que marca el ritmo y la base del desarrollo de la música, la canción y el baile. Sin embargo, nuestras acciones tienen la capacidad de cambiar nuestra percepción del tiempo. En Momentum tenemos la capacidad de parar el tiempo, de ralentizarlo para atrapar el momento presente, de cambiarlo para poder revisar el pasado o acelerarlo para impulsarnos hacia el futuro,” explican ellos mismos en su página oficial.
Desde comienzo a fin del show, uno no sabe qué esperar. Antes de ir a verlo, pensé que se trataba de un show de percusión y stump, pero eso es sólo una parte de un espectáculo muy completo que incluye también danza, acrobacia, diversos tipos de música, actuación y humor.
Es un espectáculo para todo público que fomenta la interacción con el público de una manera amable y constructiva. Desde el escenario, los artistas invitan a los espectadores a que los ayuden a hacer música desde sus asientos y a generar sonidos que luego incorporan a sus canciones a través de remixes electrónicos.
Es muy interesante ver los detalles de la iluminación y cómo la utilizan como recurso para resaltar una u otra acción o para simular que las personas vuelvan a pesar de que no tienen cables que las sostengan. Además, existe un excelente trabajo de edición en vivo que no había presenciado antes: a medida que los actores realizar acciones, las van editando y sobreponiendo en una pantalla en el escenario para generar una canción y una experiencia nueva. Es algo difícil de explicar… Pero termina generando el efecto de una banda de música, mientras que realmente se trata de un solo integrante que toca instrumentos de forma aislada.
Es un show muy bien cuidado en el que cada uno de los integrantes del elenco pone su 100% brindando sudor, pasión y esfuerzo (es más, hacia el final de la obra se puede ver como algunos de los actores terminan con la camisa transpirada).
Como espectador, uno disfruta cada instante del espectáculo, y además de deja pensando: “Si pudiéramos parar el tiempo, controlarlo, tomarnos un respiro para observarlo. Si pudiéramos hacer todo esto… ¿Qué haríamos? ¿Qué cambiaríamos?” Mayumaná.
La compañía fue fundada por Nylon Nuphar y Boaz Berman en 1996. “Está formada por un grupo multicultural de diferentes disciplinas que desarrollan un único lenguaje internacional basado en el talento personal, el ritmo, el humor, la visualidad, el baile y la música.”
Video: Carlos Vaillard (Bogotá, Colombia /Argentina)
Capoeira es una expresión corporal originaria de Brasil que combina artes marciales, danzas africanas y acrobacias, y generalmente se practica al ritmo del berimbau. Su nombre proviene de la palabra caápuêra que en la lengua tupí-guaraní se interpretaría como caá = campo, matorral y puêra = que ya fue.
La Capoeira generalmente se practica en rondas; en el centro dos personas se enfrentan a "luchar" sin contacto y demostrar sus habilidades, mientras el resto observa y espera para reemplazar a los oponentes y lucirse.
Dicen los historiadores que originalmente las capoeiras eran unas jaulas para transportar aves que llevaban los esclavos a los mercados. Como ellos se divertían practicando su baile-lucha frente a éstas mientras esperaban a los comerciantes, el nombre de las jaulas comenzó a asociarse con esta particular expresión corporal.
Desde 1544, cada año, los portugueses trasladaban a Brasil aproximadamente 12.000 esclavos de diferentes regiones de África, en especial, Guinea, Angola, Mozambique. Cada uno de ellos traía su cultura y religión y generaban una nueva cultura en el Nuevo Mundo. Por ejemplo, la danza de cortejo que trajeron de Angola sirvió como base de la capoeira.
Historiadores especializados en época de la esclavitud en Brasil aseguran que la capoeira fue el arma secreta que permitió a los esclavos del país alcanzar su libertad en 1888. Por ello, el 1890, los colonizadores la prohibieron y aquellos que la practicaban sufrían severos castigos.
Alrededor de 1957, tras presenciar una muestra de los alumnos de Mestre Bimba, el Presidente de Brasil Getúlio Vargas declaró la capoeira deporte nacional en ese país. Desde ese entonces, esta danza-lucha se ha extendido mundialmente y se practica como un deporte.
A continuación pueden observar videos impresionantes de esta enérgica demostración corporal en San Salvador, Bahía, Brasil:
El show de los Les Luthiers en el Grand Rex de Buenos Aires, Argentina derrochó creatividad de principio a fin.
Al ingresar al teatro, recibimos el programa de la función con el que nos divertimos dando vuelta las páginas hasta que comenzó “Lutherapia”: girando las páginas rápidamente con el pulgar los integrantes de Les Luthiers se movían de adelante hacia atrás y luego volvían hacia adelante.
Marcos Mundstock abrió la escena como terapeuta de Daniel Rabinovich, quién se encontraba afligido porque debía escribir un ensayo sobre el “conocidísimo” compositor Mastropiero y sólo lograba frustrarse.
A través de sueños surrealistas de caballeros de las cruzadas y arcángeles, novios despechados, jóvenes que se dedican a la epistemología y el nacimiento del anticristo, el elenco ayuda a resolver problema del pobre Rabinovich.
Lutherapia es una obra inigualable donde Les Luthiers entrelazan ingeniosamente humor, actuación y música. Despliegan arte y metáfora con cada palabra y virtuosismo con cada una de las notas que dejan salir de los instrumentos que ellos mismos construyeron.
Uno de los instrumentos que más me sorprendió fue el de Jorge Maronna, quién logró musicalizar la escena con pelotas de goma. ¡Absolutamente brillante!
Es una obra de humor inteligente y talento que logra robarle risotadas hasta a los más discretos.
El 15 de mayo, el músico brasilero especializado en Funk, Jazz y Soul, Ed Motta, presentó en La Trastienda su último álbum "Piquenique". A pesar de que la seriedad que muestra en la mayoría de sus volantes no me llamaba mucho la atención, y conocía poco su discografía, la insistencia de mis amigos y mi curiosidad me convencieron a que fuera al concierto.
Desde el primer momento, el show rompió con todos los esquemas. En vez de cantar, Motta comenzó con acordes vocales; es decir, imitando ruidos de vientos y bronces con su voz. Por otro lado, entre canción y canción tomaba aire contando chistes y anécdotas divertidas de sus giras.
Durante el espectáculo, a través de una gran variedad de temas y estilos, Motta demostró su vasto conocimiento musical y sus ganas de experimentar. Como se puede ver en el video, el público lo acompañó bailando y cantando todas sus canciones.
Aunque en los afiches se presenta serio, con cara de pocos amigos, su alegría y energía desmitifican esta imagen automáticamente.
Fue un concierto agradable, aunque los encargados de sonido de La Trastienda deberían revisar mejor los equipos antes de cada concierto, ya que es las canciones más tranquilas el ruido de los cables hacía que fuera casi imposible disfrutar de la música.
“Es hermoso ver que a alguien se le haya ocurrido y haya puesto en escena semejante locura”.
El espectáculo no tiene nada de Fuerza Bruta; es más bien energía y potencia contrastada con armonía y delicadeza. Es un show original y totalmente impredecible; aunque carece de trama, uno disfruta de pie cada segundo y lo interpreta a su manera.
Antes de que los actores entren a escena, dos chorros de humo y luz rompen el silencio y la oscuridad. En ese momento, los acomodadores aprovechan la sorpresa para redistribuir al público e ingresar la plataforma donde un actor/acróbata camina desesperado vestido de traje.
Es una imagen potente, sobretodo para aquellos que viajamos diariamente al trabajo, apurados y apretados, impulsados por esa aceleración innecesaria en la que nos embarcamos todas las mañanas; sorteando “obstáculos” diversos y corriendo para poder alcanzar “nuestros objetivos” y no llegar tarde a nuestro “destino”.
Luego de ésta frenética carrera, las luces se apagan y la atención se desvía a un costado del predio donde dos mujeres corren por los cielos como sueños que intentan escapar del mundo de las ideas para convertirse en realidad, lamentablemente sin éxito, ya que el “oficinista” vuelve a la carrera.
Después, los actores bajan del escenario y comienzan a interactuar y bailar con el público transmitiendo su energía a todos los espectadores. Repentinamente, esa excitación es aplacada por el delicado despliegue de una bailarina acuática que se contorsiona sobre las cabezas de los espectadores anonadados; más tarde, esa sorpresa se acentúa aún más cuando la pileta con las bailarinas baja para que todos puedan tocarla con las manos.
En tan sólo una hora, Fuerza Bruta juega con tus emociones al máximo: te tensa, te emociona, te enternece y te energiza, y antes de dejarte volver a la realidad te despide con una fiesta para agradecerte por haber compartido tu tiempo con ellos.
Fuerza Bruta:
http://www.fuerzabruta.net/
Buenos Aires
Centro Cultural Recoleta – Sala Villa Villa
Junín 1930
Funciones de martes a domingo
Entradas entre $50 y $75
15% DE DESCUENTO CON TARJETAS DEL BANCO SANTANDER RIO
Aunque digan que la curiosidad mató al gato, a mi me sigue impulsando hacia experiencias únicas y reveladoras.
El sábado, mientras paseábamos por la ciudad nos llamó la atención una plataforma que estaba instalada en la Plaza Naciones Unidas, la plaza de “La Flor”, sobre la Av. Figueroa Alcorta al lado de la Facultad de Derecho en Buenos Aires, Argentina.
Como era sábado y no había mucho para hacer, decidimos bajar del auto para ver de qué se trataba y nos encontramos que era la celebración del Día de la Tierra, que intentaba generar conciencia a la población a través de diversas actividades y conciertos al aire libre sustentados íntegramente con energía renovable.
Apenas llegamos nos encontramos que estaba por tocar Bebel Gilberto, una artista brasileña, hija del reconocido Joao Gilberto, nacida en Nueva York y afamada por su dulce voz y su alegre bossa nova.
Cuando canta, Bebel transmite paz, armonía, amor y felicidad. Tiene un carisma inigualable, interactúa con el público con soltura y posee una voz que logra que sus palabras penetren en tu cuerpo incitándote a bailar.
Durante su concierto, hizo varias referencias al amor, al cuidado del medio ambiente, y en especial, al cuidado del agua. Para asegurarse de que no nos olvidáramos de este mensaje medioambiental, cerró el concierto con un improvisado “tem que reciclar, tem que reciclar” que cantamos todos a coro y luego seguimos tarareando inconscientemente cuando volvíamos a casa.
Me alegro mucho que mi curiosidad me haya llevado a conocer a esta artista tan llena de paz y alegría. Bebel pintó una sonrisa a mi sábado a la tarde.
AUTORA y COORDINADORA: Laura Vaillard - Ciudadana del Mundo (Buenos Aires, Argentina)
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