España y Francia: Países sin Barreras
No había barreras, policías, ni cuarteles de aduana que nos indicaran que habíamos cambiado de país. Sólo los carteles en francés de la rotonda nos indicaron que ya no estábamos en España.
Después de vagar por varias horas en el auto, llegamos a San Juan de Luz, un hermoso pueblito costero del departamento de Pyrénées Atlántiques, Francia situado entre las ciudades de Biarritz y Hendaya.
A pesar de la cercanía con España, era evidente de que estábamos en otro país. Las casas ya no eran de piedra y estaban pintadas de blanco, y los rústicos y oscuros bares españoles habían sido reemplazados por pequeños restaurantitos y creperías con terrazas.
Todo era tranquilo. Todo era alegre. Ni la molesta llovizna que nos recibió conseguía borrar el encanto de la cuidad.
Después de caminar un rato por las callecitas empedradas iluminadas por las tenues luces de los faroles de las calles, nos dejamos cautivar por el olor a pan casero de emanaba “La Creperie”, y entramos a cenar.
Ya había comido crepes antes, pero era la primera vez que comía crepes salados. ¡Y que primera vez! El queso que abrazaba al jamón serrano se esparcía con facilidad por tu lengua asegurando que el sabor conquistara toda tu boca.
La comida te enamoraba con cada bocado, agregando cada vez más encanto a ese pequeño pueblito.










EDU dijo
Tu relato suena como salido de un sueño, peor... se me hizo agua la boca!!
6 Abril 2006 | 08:36 PM