Guatemala: Los hijos de la pólvora en Navidad
Fuente Foto: Guate360
Por Arturo Clark (Ciudad de Guatemala, Guatemala / Washington DC, EEUU)
Los hijos de la pólvora, es un titulo provocativo especialmente para una nota sobre Navidad. No lo invente yo sino que es el nombre de una novela, llamada “Hijos del incienso y de la pólvora”, publicada hace ya más de un par de años, que describe la realidad de la vida en la Guatemala colonial a principios del siglo XVIII.
El titulo hace alusión, pienso yo por lo menos, al carácter religioso pero al mismo tiempo violento de la sociedad guatemalteca en esos tiempos. Sin embargo, aún hasta estos días el incienso y la pólvora persisten a través de los siglos y siguen estando presentes dentro de la vida de todos los guatemaltecos de una u otra forma, son como una especie de resabio colonial.
En fin, una forma en que la pólvora está presente en la vida de cualquier guatemalteco es a través de los cohetes, cohetillos, fuegos artificiales, luces de bengala que se queman a través de todo el año para celebrar todo tipo de eventos y ocasiones especiales que van desde cumpleaños hasta celebraciones de índole religiosa pero especialmente durante la navidad y el año nuevo.
,b>La explosión de cohetes (ojo: son fuegos artificiales y no objetos desarrollados por la NASA ni ningún ejército) o “cuetes” como se les llama comúnmente en Guatemala es motivo de algarabía para chicos y grandes y muchas veces es difícil saber si son quemados para celebrar o si la celebración es una simple excusa para quemarlos.
Desde principios de diciembre empiezan a abrir sus puertas las coheterías, algunos de estos negocios son grandes bodegas mientras que otros son simples changarros improvisados hechos de tablas de madera y láminas de zinc que ni siquiera cuentan con puertas.
No hacen falta las historias sobre familias humildes que se han enriquecido distribuyendo estos productos. Adentro de uno de estos establecimientos uno puede encontrar cientos de distintos tipos de fuegos artificiales y sólo desde hace pocos años la mayoría de ellos son importados directo de la China, algunos otros son fabricados aquí mismo o en otros países de Centroamérica.
Sin importar el origen de sus cuetes el entrar a una cohetería es una experiencia muy particular, tanto por el fuerte olor a pólvora como por la explosión de brillantes colores de los miles de empaques contenidos allí adentro. Hay para todos los gustos y colores, para los pequeños las estrellitas, volcancitos, saltapericos, mariposas, tanquecitos que por lo general son considerados inofensivos aunque confieso que fui testigo que durante una celebración de semana santa un niño se quemó severamente una mano con un volcancito. También existen otros tipos mucho más peligrosos entre los arsenales de las coheterías como los lanza luces, morteros, canchinflines, ametralladoras, silbadores, tronadores, matasuegras, etc.
Un guatemalteco se debe de armar bien si quiere realmente pasar bien la Navidad por lo cual las coheterías ofrecen ahora “combos chinos” surtidos con suficiente variedad de cuetes para que todos tengan algo que quemar.
Las ametralladoras, por ejemplo, que realmente suenan como ametralladoras, son grandes cadenas rojas que pueden llegar a medir hasta más de cien metros para aquellos que quieran impresionar a todo su vecindario. Estas se prenden cuando faltan escasos minutos para Navidad durante Nochebuena.
Bueno, pues eso es, una gran explosión de júbilo que me imagino no será nada buena para el medio ambiente ni para todos aquellos que salen quemados todos los años especialmente los niños, ni para la innumerable cantidad de perros y otras mascotas que aterrados por tantos sonidos bélicos optan por esconderse debajo de algunas gradas o mesas mientras pasa lo peor. Pero los juicios para el próximo año. Por eso digo que los guatemaltecos somos los hijos de la pólvora.









