Música callejera: ¿Contaminación auditiva o arte libre?
“Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar.”
Hay Click aquí para escuchar la canción y ver la letra completa
Un afinado violín de un joven artista callejero entona esta canción del “Zorzal” Carlos Gardel en la línea “B” del subte de Buenos Aires todas las mañanas. Al concluir la pieza pocas personas aplauden y aún menos acceden a regalarle una moneda por musicalizar la mañana y alivianar por unos instantes el rechinar de las vías del tren.
¿Por qué nos cuesta tanto dar una moneda a cambio de música callejera mientras que volcamos nuestro cambio sin problemas a cualquier charlatán que dice estar ciego, sordo, mudo o enfermo de SIDA y pide sin ofrecer nada a cambio?
Mientras que temprano a la mañana me suelen molestar los gritos en el subte mientras intento concentrarme en mi libro, la mayoría de los músicos logran robarme una sonrisa con sus acordes (claro que hay excepciones a los que preferimos hacerles oídos sordos ).
Algunos de mis favoritos son el guitarrista del andén de la combinación de 9 de Julio de la línea “D” y el cantante de reggae que se ve en el video (aunque sólo logré verlo una vez).
No obstante, no todo es alegre para estos músicos ya que suelen tener problemas con la ley, como expresa Anabella Poletti en su artículo “Más bandas ponen ritmo a la ciudad” publicado en CincoW.
“Si bien el Código Contravencional Porteño pena con multas de hasta 2 mil pesos a quien ocupa la vía pública en ejercicio de una actividad lucrativa excediendo el permiso de uso de las aceras, un decreto de 1993 permite que se realicen actividades artísticas de carácter musical, teatral en plazas públicas y paseos de toda la ciudad aunque sin amplificación electrónica,” cuenta Poletti.
“El desarrollo de actividades artísticas de índole musical, teatral o de danza, se encuentra únicamente regulado por el Decreto 2204/990 y el Decreto 1239/93” continúa Poletti.
No obstante más que amparar a los artistas, este decreto más bien restringe su actividad a un área específica y limitada de la ciudad.
Pero, ¿cuál es el objetivo de esta restricción? ¿Proteger a los transeúntes para que no sean molestados por “ruidos molestos” o limitar la libertad de expresión de los artistas? ¿Por qué nos cuesta tanto darles un espacio a aquellas personas que hacen arte? ¿Acaso no existían ya en la época del Renacimiento músicos callejeros que regalaban sus acordes a los querían oírlos?
Habiendo tanta contaminación auditiva en el ambiente, considero que estos músicos no añaden más ruido a la ciudad sino que con su música son llevan a un descanso melódico.
Y para concluir, les dejo de regalo el trabajo de un artista callejero de Australia que tiene más de 277,000 visitas en YouTube:










Francisco dijo
Muy buen tema de discucion. Creo que acá tocamos el clásico "donde termina tu derecho y empieza el mío".
En mi opinión personal, no me molesta la música, aunque tengo mis días. Pero prefiero tener musica en la calle a la nada. Se pone linda la ciudad con instrumentos y gente que sepa tocarlos...
Aunque creo que que la mayoria no lo hace porque le gusta sino porque no tienen otra opción.
Mis preferidos: Violinista metalero en subte B, chelista que toca los beattles en estacion diagonal norte (subte B) y pareja de percusionista y guitarrista que tocan musica cubana.
2 Marzo 2010 | 04:17 PM