Las Minas Abandonadas de San Luis continúan intrigando y cautivando

Articulo escrito por Laura Vaillard y Diego Jarlip (Buenos Aires, Argentina)
(Artículo continuación de: Recibiendo el año escalando los Vallecitos de Merlo, San Luis, Argentina
El tercer día decidimos dejar los lujos de Vallesitos, y nos acercamos a las Minas Los Cóndores, también conocidas como las minas abandonadas de San Luis, ubicadas a tan sólo 10 Kilómetros hacia el suroeste de Concarán y a 50 km de Merlo. Dejamos los autos en cima, donde nos cobraron $5 (por persona) para permitirnos cruzar el campo hasta llegar a otro alambrado, donde nos cobraron otros $15 (por persona) para atravesar otro campo para llegar a las minas (esto nos pareció un abuso absoluto a cambio de nada y un insulto a los montañistas que sólo deseamos caminar hasta llegar al lugar de camping para disfrutar de la naturaleza).
El camping está construido sobre las ruinas de la antigua mina que explotó el valioso mineral tungsteno. En su momento, era “el orgullo” de San Luis y era considerada “el mayor emprendimiento de tungsteno del país y el segundo en Sudamérica”, según la página del Municipio de San Luis.
La mina fue descubierta en 1893 por un constructor de pircas (paredes de piedra en seco) llamado Jorge Torres. Al ser un mineral oscuro, en principio se pensó que era manganeso, pero descubrieron que se trataba de tungsteno, utilizado para endurecer el acero.
La compañía alemana Ansa Sociedad de Minas, fue la primera en iniciar operaciones en 1898 y llegó a producir hasta 300 toneladas anuales de tungsteno. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial en 1914, la mina triplicó su producción para poder saciar la demanda del mineral, que era empleado para fabricar armas. La intensa producción continuó hasta el final de la Primera Guerra Mundial cuando el precio del tungsteno y la demanda decayeron raudamente. En ese momento, los alemanes se retiraron del país y vendieron las minas a la empresa Sominar, del norteamericano Tomás Williams. Hacia 1936, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la producción repuntó hasta que volvió a desplomarse con el fin de la guerra. En 1950, con el inicio de la Guerra en Corea, la producción retomó sus tiempos de oro una vez más y Williams decidió construir un pueblo alrededor de la mina.
Según Hugo Ortiz, ex-minero y actual guía turístico de la mina, cuenta que el pueblo estaba “dotado de un hospital, una escuela –hoy, abandonada, un club deportivo con pileta y cancha de tenis, cine, hotel y hasta un ring de boxeo donde llegó a pelear el Mono Gatica. Solamente faltaban el templo católico y el cementerio; en el primer caso porque los norteamericanos eran protestantes, y en el segundo, porque aunque había muertos, se pretendía ocultar que los hubiera.”

“En realidad, cada año morían entre cinco y seis personas dentro de la mina por los derrumbes que ocasionaban las explosiones con dinamita. En general los sueldos eran buenos, pero el riesgo de muerte era también bastante alto. Los obreros eran de los orígenes más diversos: chilenos, polacos, bolivianos, alemanes y argentinos”, continúa Ortiz.
Cuando finalizó la Guerra de Corea el yacimiento cerró y Somimar lo vendió a la firma Casde de Mendoza en 1965, quién lo desmanteló y retiró todas las máquinas. No obstante, se dice que al poco tiempo llegó otra empresa nacional que explotó las minas hasta 1985 ya que se volvió más barato importar el mineral de Corea que continuar extrayéndolo.
En nuestro caso, por cuestiones de tiempo decidimos no aventurarnos dentro de las minas y preferimos disfrutar de las áreas para escalar y pescar que rodean el campamento. Aunque cabe destacar, que según la página del Municipio de San Luis, “los túneles son húmedos y negros en distintos niveles de profundidad con maravillosos tonos azulinos del tungsteno.”


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takuma nekasa dijo
Que hermosas fotos! no conosco San Luis, pero por lo que comentás y las fotos parece un lugar paradisíaco, saludos
16 Marzo 2010 | 08:10 PM